Siempre hay un día en el que un libro aparece ante ti y comienzas un sendero de conocimiento interior que te va guiando de un autor a otro, como el que cruza un río de piedra en piedra. Existe un lugar mágico al cual acudo con asiduidad, como si de un templo se tratase, con la emoción de hallar un misterio nuevo: las bibliotecas; el silencio que reina, los miles de libros vivos, la calma que se respira, te invita a explorar auténticos tesoros para el alma; el que decide dejarse llevar, descubrirá que hay un libro destinado para él en ese preciso momento. Y mi más reciente hallazgo, ha sido la obra de Rudolf Steiner.Todos tenemos nuestra propia experiencia como madres y padres, pero seguramente las conclusiones que más he escuchado y que yo también comparto, son afirmaciones como las de que la maternidad/paternidad es una experiencia vital y reveladora, de transformación, que te cambia la vida; ser madre te vuelve más humilde y te hace estar abierta a un continuo aprendizaje. Con el nacimiento de nuestro hijo, nos hacemos preguntas de cómo seremos como padres y nace en nosotros un verdadero proyecto, el de intentar ser mejor, el de entrega absoluta, el amor incondicional…
Entrar en un Jardín Waldorf te enriquece: hemos establecido rutinas, las hadas y los duendes están por todas partes, tapamos la jarra del agua con un paño y damos cierto ritual a la comida; hemos conocido a la liebre de Pascua y postergado cualquier medio audiovisual hasta que llegue la edad de asimilarlo; un farol acompaña a nuestro hijo todas las noches antes del cuento; no hay merienda sin pasas, ni día que nos acordemos de todos los amigos del cole. Me he dado cuenta de la seguridad que le aporta a un niño establecer límites y cómo se ilumina su carita con el universo de canciones y cuentos que les acompaña cada día. ¡Sí! un mundo de magia y campanitas sonando, mucho amor y ver que hay más personas con esta misma energía, que quieren establecer sabias enseñanzas para sus hijos.
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| Rudolf Steiner- Fotografía de la web Biografías y Vidas |
Quizás todos lleguemos de caminos y con motivaciones diferentes, pero hemos confluido aquí, en una apuesta por ofrecer a nuestros pequeños un mundo mejor, con unos valores que les hagan ser adultos felices. Y ese es el nexo que une a todos los que apuestan por esta pedagogía valiente y maravillosa.
Profundizar en la obra de este visionario es apasionante. La antroposofía nos ofrece un camino para descubrir nuestra espiritualidad, lejos de condicionamientos sociales, libre, esa que nace al escucharnos y que no sólo es valiosa desde el lado pedagógico, sino también para nuestro crecimiento personal.
“No se trata de aprenderse las enseñanzas de la ciencia espiritual con el intelecto, sino de impregnar los sentimientos, las emociones, toda la vida con ellas”
Rudolf Steiner

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